El fotoperiodismo es una construcción con altos y bajos, con una mirada personal
JULIO PANTOJA. “Celebramos el derrumbe del discurso de “objetividad”. LA GACETA / JOSE NUNOPunto de vista por Julio Pantoja, fotoperiodista y docente.
Argentina.- Hacer una comparación lineal entre el fotoperiodismo “de antes” y el de ahora me resulta un poco ocioso. Estoy convencido que el fotoperiodismo, como tantas otras actividades humanistas, es una construcción evolutiva con altos y bajos, avances y retrocesos, cuyo análisis puede facilitarse si se identifican hechos que puedan significar puntos de inflexión.
En esos años el punto de inflexión fue justamente en 1981 con la primera edición de la muestra “El periodismo gráfico argentino” cuya herencia, institucionalizada por la Argra desde 1983, es la muestra que en estos días se exhibe en el Centro Cultural Virla. Un grupo de reporteros gráficos, entre los que se encontraban Eduardo Longoni y Becquer Casaballe, entre otros, convocaron sus colegas a mostrar lo que no se veía en los diarios y revistas encorsetados en la censura de los dictadores.
Al decir de Jorge Aguirre, uno de los grandes de la fotografía argentina, ya fallecido, “en las muestras de fotoperiodismo, durante la dictadura, había que agacharse para no recibir un pelotazo porque lo único que se veían eran fotos de deportes”. Por primera vez aparecieron los pañuelos blancos y las fotos de la represión que, esquivando amenazas, desapariciones y torturas, lo mismo lograron hacer algunos de los reporteros gráficos.
Este fue el primer gran paso en la madurez colectiva de esta profesión, lo que se vería afianzado en enero de 1989 con un taller realizado en La Plata donde, en una especie de “retiro espiritual”, 50 privilegiados jóvenes fotógrafos latinoamericanos (la mayoría argentinos) pudimos aprender de figuras como Sebastião Salgado, Susan Maiselas, Fred Ritchin, Marc Busell, Bob Pledge, más un puñado de argentinos “top”.
Sin dudas, esto produjo un “shock” de profesionalismo en el fotoperiodismo argentino que se vio inmediatamente reflejado en la calidad de la fotografía editorial, con la generalización de la figura del “editor de fotografía”, casi inexistente hasta entonces, y con el protagonismo que tomaron los participantes de este taller, quienes en los años posteriores pasaron a ser, en muchísimos casos, verdaderas estrellas del periodismo gráfico y de la fotografía en general, como Adriana Lestido, Res, Tony Valdez y Ataúlfo Pérez Aznar, sólo por mencionar algunos. La llegada a puestos de responsabilidad, dentro de los medios líderes, de ese pelotón de fotógrafos cuya cabeza ya funcionaba de otro modo fue determinante para un gran salto cualitativo en la fotografía de prensa.
Sin embargo, el siguiente cambio de rumbo no fue para adelante. Sin una fecha precisa, pero a lo largo del proceso económico de Menem-Cavallo, la precarización laboral y las aventuras empresarias de sus beneficiarios produjeron un deterioro tal en nuestra actividad que tiraron por tierra mucho de lo conseguido. Para confirmar esto basta con hojear diarios y revistas de la época inmediatamente posterior: se redujeron los espacios, los reportajes fotográficos casi desaparecieron, y, sobre todo, la calidad de la fotografía tuvo una caída significativa fruto de esta “desprofesionalización” donde el lugar de un profesional formado y bien pagado lo ocupaban tres o cuatro principiantes con mucha voluntad, en el mejor de los casos.
Pero por suerte, y casi conviviendo con la última parte de estos tiempos de crisis, podríamos decir que con el nuevo siglo, se vino una gran avalancha -con internet a la cabeza- que está produciendo una verdadera revolución con respecto al acceso a la información, a la que, como el resto de los mortales, un fotoperiodista puede tener en sus manos; y con esto, su posibilidad de capacitación integral. Ahora bien, de ningún modo los avatares del fotoperiodismo constituyen un hecho aislado. Los procesos análogos de la sociedad toda y, en particular, del periodismo escrito y de las artes visuales confluyen en el modelado del moderno fotoperiodismo.
Del periodismo celebramos el derrumbe del discurso de “objetividad” para festejar nuestra subjetividad en la mirada personal que, sin abandonar la lealtad y veracidad que hacen a la ética de nuestra profesión, nos permita contar una historia desde un lugar absolutamente humano, con toda nuestra carga cultural.
De las artes visuales tomamos la libertad para proponer caminos estéticos alternativos y la posibilidad de avanzar en la conceptualización del tratamiento de nuestras fotografías donde la interpretación pueda ser tan rica así como sus herramientas visuales.
Fuente: La Gaceta































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