El legado de Diane Arbus descansa en el Met
NUEVA YORK. El Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el popular Met, se ha hecho con un nuevo tesoro: el archivo fotográfico -y no sólo- de Diane Arbus, una de las artistas más inquietantes del siglo XX. Sus hijas Amy y Doon, que administran su legado, han elegido el Met como destino final de la obra y casi de la vida de su madre, que se suicidó en julio de 1971.
Diane Arbus tenía 48 años cuando se suicidó en su casa de Greenwich Village, ingiriendo una gran cantidad de barbitúricos y cortándose las venas a continuación. La leyenda dice que lo planeó todo para fotografiar su propia muerte. La versión oficial dice que la policía no encontró ninguna foto de este tipo en su casa.
Sus herederos sí encontraron este legado que ahora donan al Met. Hablamos de habitaciones enteras llenas de material. Negativos y contactos de 7.500 rollos de película. Cientos de fotos primerizas, de papeles personales, de correspondencia. El Met ha aprovechado la ocasión para comprar a la Fraenkel Gallery de San Francisco algunas de las fotos más emblemáticas de Arbus.
Arbus es como una Gerda Taro que hubiera sobrevivido, por lo menos un rato. Nacida en Nueva York en el seno de una familia judía acomodada y hasta intelectualmente significada, irritó a sus parientes casándose con el futuro actor Allan Arbus a la edad de 18 años. Allan no se convirtió precisamente en el astro del cine que esperaba, y en cambio empezó a ganarse la vida como fotógrafo. Socializó sus estudios de fotografía con su mujer y ambos empezaron a funcionar como una cámara con dos cabezas, como Robert Capa y Gerda Taro al principio.
Sólo que se bifurcaron de otra manera: Diane llegaría a ser una fotógrafa mucho más conocida y respetada que Allan, particularmente después de su divorcio, que es cuando más evoluciona de la foto de moda a un tipo de fotoperiodismo muy moroso, muy personal. Le podía llevar años una sola foto.
Rápidamente destaca por su temática -le interesan los personajes disonantes, desde enanos a travestidos hasta niños «raritos», le interesan sobre todo los freaks- como por su técnica. A partir de los 60 abandona el formato de 35 mm para pasarse a las rollei. Trabaja pues con fotos cuadradas, usa el flash de día para «aislar» figuras de su contexto, busca una hipervisión, un ángulo, que desafía la perspectiva común, provocando a un tiempo familiaridad y extrañamiento.
A partir de 1963 se suceden los premios, los reconocimientos, la entronización como icono cultural neoyorquino. El personaje de Diane Keaton en «Manhattan» cita las fotos de Diane Arbus como un referente inevitable, Stanley Kubrick se inspira en algunas de sus fotos para secuencias de «El resplandor», y más recientemente Nicole Kidman protagoniza una película basada -muy libremente- en su biografía.
De todos los museos que la han honrado, ninguno con tanto cariño como el Met, que le ha dedicado intensas retrospectivas, codiciando sin duda este precioso legado. El que la sigue la consigue.
Fuente: ABC.es
Fuente: ABC.es
































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