"Una imagen ha de provocar mil palabras"
Josep Massot
Vivimos en el mundo rodeados de imágenes y prejuicios. Y eso de que una imagen vale por mil palabras no es verdad. En el Jeu de Paume exponemos imágenes que provoquen mil palabras, que provoquen pensamientos", dice Marta Gili. "Con las imágenes - comenta la directora del museo nacional francés- pasa como con las palabras. Hay gente que utiliza frases hechas, fórmulas gastadas, rutinarias. Es verdad que estamos rodeados de imágenes y palabrería: nosotros queremos mostrar aquellas que producen discursos, conocimiento".
El nombre de Marta Gili es en Barcelona indistinguible de la fotografía. ¿Cuántas exposiciones realizó en la ciudad para dar a entender que se trataba de un arte? Junto a Cristina Zelich y Maria Lluïsa Borràs se le veía, por ejemplo, contar la penuria barcelonesa de Otho Lloyd, el sobrino de Oscar Wilde, hermano del púgil dadaísta Arthur Cravan y marido de Olga Sacharof. Otho Lloyd tuvo que trapichear con los cuadros que dejó inacabados su mujer, cuando a su muerte se descubrió que era un gran fotógrafo. Marta Gili no sólo ayudó a que los barceloneses superian apreciar el testimonio de fotógrafos como Miserachs, Maspons, Català-Roca o Ricard Terré, sino a dotarles de una mirada fotográfica, gracias a las exposiciones que hizo de los grandes maestros internacionales: Cartier Bresson, Avedon, Klein... Y eso que iba para psicóloga.
"Estudiaba filosofía de las Ciencias de la Educación y psicología clínica, y para pagarme los estudios empecé a trabajar en el Institut d´Estudis Fotogràfics, de la Diputación, en la Escola Industrial, que estaba en la calle Urgell. Ahí - dice- entré por primera vez en contacto con la imagen". A los 23 o 24 años, Marta Gili participó en la Primavera Fotogràfica, una experiencia que Barcelona imitó de Le Mois de la Photo de París. En su primer trabajo quiso conciliar sus estudios de psicología con la fotografía. "Leí un libro de un psicólogo norteamericano que utilizaba en sus sesiones álbumes de fotos familiares y hacía la terapia con los recuerdos, los olvidos, las narraciones que articulaban las fotos. Mi interés fue yéndose hacia la imagen. Me metí en el equipo de la Primavera Fotogràfica, con Daniel Giralt-Miracle, Fontcuberta... Eran unos años en que la fotografía no tenía ninguna clase de estatus artístico ni cultural".
Marta Gili escribía reseñas de exposiciones en la prensa barcelonesa, cuando una crítica negativa de una exposición de Caixa de Barcelona hizo que el responsable de esta entidad le llamara. Al final del encuentro, le dijo: "Bueno, pues haz las exposiciones tú". Lo hizo hasta que la fundación dio un giro hacia lo social. Fue cuando la llamó el Jeu de Paume. Y allí pone en diálogo a los fotógrafos contemporáneos e históricos, muestra sus resonancias, reconstruye narraciones políticas, económicas o sociales; es decir, pone a hablar a las fotografías.
Fuente: La Vanguardia
Vivimos en el mundo rodeados de imágenes y prejuicios. Y eso de que una imagen vale por mil palabras no es verdad. En el Jeu de Paume exponemos imágenes que provoquen mil palabras, que provoquen pensamientos", dice Marta Gili. "Con las imágenes - comenta la directora del museo nacional francés- pasa como con las palabras. Hay gente que utiliza frases hechas, fórmulas gastadas, rutinarias. Es verdad que estamos rodeados de imágenes y palabrería: nosotros queremos mostrar aquellas que producen discursos, conocimiento".
El nombre de Marta Gili es en Barcelona indistinguible de la fotografía. ¿Cuántas exposiciones realizó en la ciudad para dar a entender que se trataba de un arte? Junto a Cristina Zelich y Maria Lluïsa Borràs se le veía, por ejemplo, contar la penuria barcelonesa de Otho Lloyd, el sobrino de Oscar Wilde, hermano del púgil dadaísta Arthur Cravan y marido de Olga Sacharof. Otho Lloyd tuvo que trapichear con los cuadros que dejó inacabados su mujer, cuando a su muerte se descubrió que era un gran fotógrafo. Marta Gili no sólo ayudó a que los barceloneses superian apreciar el testimonio de fotógrafos como Miserachs, Maspons, Català-Roca o Ricard Terré, sino a dotarles de una mirada fotográfica, gracias a las exposiciones que hizo de los grandes maestros internacionales: Cartier Bresson, Avedon, Klein... Y eso que iba para psicóloga.
"Estudiaba filosofía de las Ciencias de la Educación y psicología clínica, y para pagarme los estudios empecé a trabajar en el Institut d´Estudis Fotogràfics, de la Diputación, en la Escola Industrial, que estaba en la calle Urgell. Ahí - dice- entré por primera vez en contacto con la imagen". A los 23 o 24 años, Marta Gili participó en la Primavera Fotogràfica, una experiencia que Barcelona imitó de Le Mois de la Photo de París. En su primer trabajo quiso conciliar sus estudios de psicología con la fotografía. "Leí un libro de un psicólogo norteamericano que utilizaba en sus sesiones álbumes de fotos familiares y hacía la terapia con los recuerdos, los olvidos, las narraciones que articulaban las fotos. Mi interés fue yéndose hacia la imagen. Me metí en el equipo de la Primavera Fotogràfica, con Daniel Giralt-Miracle, Fontcuberta... Eran unos años en que la fotografía no tenía ninguna clase de estatus artístico ni cultural".
Marta Gili escribía reseñas de exposiciones en la prensa barcelonesa, cuando una crítica negativa de una exposición de Caixa de Barcelona hizo que el responsable de esta entidad le llamara. Al final del encuentro, le dijo: "Bueno, pues haz las exposiciones tú". Lo hizo hasta que la fundación dio un giro hacia lo social. Fue cuando la llamó el Jeu de Paume. Y allí pone en diálogo a los fotógrafos contemporáneos e históricos, muestra sus resonancias, reconstruye narraciones políticas, económicas o sociales; es decir, pone a hablar a las fotografías.
Fuente: La Vanguardia































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