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CITA mes de Diciembre 2008

La reproduccion de la obra de arte no solo esta condicionada por la manera de ver del fotografo, sino tambien por la del que mira la fotografia.

Gisele Freung (La fotografia como Documento Social)

domingo, 29 de junio de 2008

El fotógrafo más prestigioso

DAMA TUCUMANA. En su estudio de nuestra ciudad, Angel Paganelli logró esta imagen de una señora no identificada, hacia 1870.

Los retratos que tomaba Paganelli a fines del XIX.

Carlos Páez de la Torre

Argentina.- En un sabroso artículo publicado en LA GACETA en 1925, José R. Fierro evocó las décadas finales del siglo XIX, cuando el más famoso fotógrafo era Angel Paganelli. Como se sabe, fue quien obtuvo las más antiguas imágenes de nuestra ciudad que se conocen, entre ellas la de la primitiva Casa Histórica. Asegura que "era Paganelli un gallardo joven, muy culto y elegante, y tan simpático para nuestras niñas como el Príncipe de Saboya". Desde el día en que instaló, allá por 1865, su casa de fotografía, "contó con la propaganda de las mejores niñas de nuestra sociedad. Las invitaba a visitar su taller, las retrataba y les obsequiaba una hermosa fotografía".
Sucedió que, en un momento dado, contra el entusiasmo de las jóvenes "se levantó la tenaz oposición de las señoras de edad, y se propagó la especie de que hacerse retratar era lo mismo que desafiar a la muerte". Pero las niñas, resueltas a proteger a Paganelli, idearon el eficaz recurso de que éste sacara las fotografías en los domicilios, "y que las señoras se hicieran retratar vestidas de reinas". Las matronas accedieron, y el atuendo de "reinas" se logró utilizando "las coronas de los pabellones de las camas de bronce" como "aristocrático aderezo".
Agrega Fierro que "era proverbial la paciencia y buena voluntad del señor Paganelli para atender su clientela". El cronista conservaba en la memoria un nítido recuerdo de su estudio. "Una sala alfombrada, una cortina. Una balaustrada de madera y una pila de libros. Si se trataba de una persona, de pie, apoyada en la balaustrada, con la pila de libros al lado si era hombre, o una maceta con planta si era mujer. Para los grupos de dos o más personas había una silla, pues una debía estar sentada y los acompañantes a los costados; y si estos eran niñas, les aconsejaba que mejor resultaban sentadas en el suelo".
Paganelli "calzaba con ganchos a las personas para evitar el movimiento y, al abrir el objetivo, repetía las sacramentales palabras: puede pestañear, pero no moverse. Y con reloj en mano medía los segundos. Era moderado en los precios y daba muestras, y hasta la yapa".

Fuente: La Gaceta


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