Cuarenta años sin el revolucionario errante
La foto realizada por Korda decora un restaurante en Ciudad del Cabo, Sudáfrica
El próximo día 9 es el aniversario de la muerte de Ernesto Guevara, el Che. Su leyenda, además de traspasar fronteras, ha dado lugar a un fructífero negocio.
MAR MARÍN/ EFE El 9 de octubre de 1967 fue fusilado en La Higuera (Bolivia) Ernesto Guevara de la Serna, el Che, y truncado quedaba así su más ambicioso proyecto: instaurar la revolución en toda Latinoamérica. Cuarenta años después, se rinde culto y se vilipendia al guerrillero carismático e ideólogo radical.
Había entrado en Bolivia en noviembre de 1966 y se le unieron unos 50 guerrilleros cubanos, argentinos, peruanos y bolivianos en una base al sureste del país. Allí se proponía adiestrarlos para lanzar una "revolución continental", pero fue capturado por el Ejército el 8 de octubre de 1967 en una quebrada conocida como el Abra del Picacho, en El Churo. Fue ejecutado al día siguiente por orden del entonces presidente boliviano, el general René Barrientos.
Curiosamente, el hombre detrás del fusil, Mario Terán, recuperó la vista gracias a cirujanos cubanos tras operarse de cataratas, y pudo ver cómo la isla de Cuba conserva todavía su icónica imagen. La prematura muerte del Che fue la forma más efectiva de que se mantuviera la inspiración de su lema: "Hasta la victoria siempre".
Nacido en 1928, en el seno de una familia acomodada argetina, y tras dejar su profesión de médica, el Che dio rienda suelta a su vocación errante con sus viajes por Latinoamérica, primero con Alberto Granados en 1951 y luego con Carlos Ferrer en 1953, historias que el Che recogió en libros como "Diarios de motocicleta". El derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala obligó a Guevara a trasladarse a México, donde conoció en 1956 a Fidel Castro y se unió a él en su expedición armada para expulsar del poder al presidente cubano Fulgencio Batista. En 1959, con el triunfo de la revolución, Ernesto adoptó la nacionalidad cubana. Como miembro del Gobierno tuvo no pocas fricciones con su integridad ideológica y, tras desempeñar varios cargos, abandonó la isla en 1965. A partir de esos años volvió a su condición de guerrillero, cuyo destino más lejano sería la República Democrática del Congo.
Reclamo publicitario
Más allá de sus tendencias políticias, la imagen de Guevara genera jugosas ganancias a la industria publicitaria como icono revolucionario y símbolo de rebeldía. Su imagen de guerrillero desaliñado, su leyenda de joven rebelde y su trágica muerte han contribuido a alimentar el mito.
Muchos se preguntan si el Che se habría convertido en un icono revolucionario si no hubiera sido atractivo o si el cubano Korda no hubiera tomado la fotografía en la que aparece con la mirada perdida y un halo místico. Sea como fuere, nadie puede poner hoy en duda su popularidad. El nombre de Ernesto Guevara tiene más de dos millones de entradas en Google y su imagen ha dado la vuelta al mundo, lo que ha dado lugar a un negocio en el que también ha participado Cuba. La imagen del "Guerrillero Heroico", tomada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz (Korda) en mayo de 1960, cuando Guevara era ministro de Industria, es probablemente la más reproducida del mundo y se ha convertido en el símbolo de la revolución por excelencia.
En la fotografía, captada durante el funeral por las víctimas de un atentado contra el barco francés La Coubre en el puerto de La Habana, Guevara aparece con boina, con mirada soñadora, barba y pelo revuelto, con un aire de Jesucristo moderno. Cuatro décadas después de su ejecución, el Che se toma como ejemplo en los movimientos pacifistas y no son pocos los personajes famosos que se han rendido al encanto de su estética.
Fuente: Heraldo
































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