Un mar blanco
SI pueden, pásense el próximo sábado por la noche por el Azoguejo y participen en ese mar blanco en el que Ouka Lele quiere transformar nuestra plaza más conocida, que se convertirá en una superficie acuática hecha de cuerpos que reflejarán esa luna que ha protagonizado hasta el momento nuestra campaña para la capitalidad cultural europea en 2016.
No todos los días se puede formar parte de una obra de arte, y seguramente el resultado de este acto artístico, a medio camino entre la performance, la reivindicación del espacio público, el teatro y la fotografía, pasará a la pequeña historia de nuestra ciudad, como ya lo han hecho otras ocupaciones antológicas y personales del Acueducto, como las intervenciones de José María García Moro (cuyos mares de plástico son una especie de antecedente colorido e inmóvil de esta propuesta de Ouka Lele) o la magia que derramó Els Comediants en uno de sus inolvidables pasacalles festivos (otro precedente por lo lunático, la presencia de lo líquido, de lo poético).
No todos los días se puede formar parte de una obra de arte, y seguramente el resultado de este acto artístico, a medio camino entre la performance, la reivindicación del espacio público, el teatro y la fotografía, pasará a la pequeña historia de nuestra ciudad, como ya lo han hecho otras ocupaciones antológicas y personales del Acueducto, como las intervenciones de José María García Moro (cuyos mares de plástico son una especie de antecedente colorido e inmóvil de esta propuesta de Ouka Lele) o la magia que derramó Els Comediants en uno de sus inolvidables pasacalles festivos (otro precedente por lo lunático, la presencia de lo líquido, de lo poético).
Ouka Lele es un nombre imaginario, un seudónimo poético y lunático que forma ya parte de la historia de la fotografía de nuestro país. La reciente exposición que protagonizó en el Museo del Traje, en la que se recopiló buena parte de su obra, incluso la más desconocida, demostró que Ouka Lele es mucho más que las conocidas y excelentes fotos de la movida coloreadas a mano con las que se hizo famosa. Sus retratos, sus paisajes, sus fotografías en estudio, todas sus imágenes tienen una extraña mezcla de pureza y turbiedad; de intensidad y de cotidianeidad, de ingenuidad y de dureza.
La fotografía, como el cine, siempre tuvo dos pulsiones internas: de un lado la realidad, de otro, su capacidad de creación. El instante decisivo de Cartier Bresson convivía con los experimentos surrealistas de Man Ray que hacían más grande el mundo de la representación, nuestro mundo.
Ouka Lele no renuncia a ninguna, aunque se ha centrado más, sobre todo en los últimos años, en esta última, en la capacidad de creación, y de transformación, de la fotografía.
Ouka Lele no renuncia a ninguna, aunque se ha centrado más, sobre todo en los últimos años, en esta última, en la capacidad de creación, y de transformación, de la fotografía.
Los que hemos tenido la suerte de participar en alguna de las performances creadas por esta artista guardamos un recuerdo extraordinario. En concreto, formé parte en la que se celebró en la plaza de la Cibeles, cuyo tráfico se cortó para la ocasión: un círculo de hombres vestido de negro y otro de mujeres vestidas de rojo, rodeaban la fuente más conocida de España. Al igual que en el caso de Segovia, la referencia a una circunstancia concreta (en aquel caso era la denuncia contra la violencia machista) se teñía de esos componentes míticos que tanto gustan a Ouka Lele y que han estado siempre tan presentes en su obra. La diosa Cibeles y su manto de fertilidad, las ropas rojas de la mujer simbolizando su capacidad para dar vida, el círculo como figura mágica... todo estaba construido, al igual que sucederá en Segovia, como una especie de ritual artístico que de ese modo demuestra nuestra capacidad de convertir el espacio urbano cotidiano, habitualmente aplastado por la vorágine diaria, invadido por la cotidianeidad, en un lugar diferente y mágico.
Pocos lugares tienen la potencia simbólica de nuestro Azoguejo, olla y marmita, crisol y plaza, aunque a veces nos olvidemos de ello. Cuántas veces pasamos a su lado y no recordamos dónde estamos; es ley de vida, uno tiene que utilizar las ciudades como escenarios de su cotidianeidad.
Por eso es un ejercicio fantástico pasando por el Azoguejo es pararse y mirar a lo alto, a la sombra del Acueducto, mágico y mítico esqueleto de dinosaurio, como escribiera Ramón, y pensar que estamos en un lugar ajenos que vemos por primera vez. Eso es lo que consiguen los artistas como Ouka Lele el sábado, intentar hacer que miremos las cosas como si las viéramos por primera vez.
Por eso es un ejercicio fantástico pasando por el Azoguejo es pararse y mirar a lo alto, a la sombra del Acueducto, mágico y mítico esqueleto de dinosaurio, como escribiera Ramón, y pensar que estamos en un lugar ajenos que vemos por primera vez. Eso es lo que consiguen los artistas como Ouka Lele el sábado, intentar hacer que miremos las cosas como si las viéramos por primera vez.
































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