La fotografía revela el sentido del pasado, destaca León García Soler
Escrito por JORGE SIFUENTES CAÑAS
Mexico (CUERNAVACA). La fotografía es un reflejo de la historia y un invaluable instrumento de la memoria, consideró León García Soler, director de La Jornada Morelos, durante su participación en el Primer Encuentro Regional de Fototecas que concluyó ayer en el Museo Regional Cuauhnáhuac, con la participación de reconocidos fotógrafos, investigadores y especialistas de la imagen.
García Soler habló del rol de la fotografía en la memoria histórica. “En el imaginario colectivo quedó la imagen de Emiliano Zapata. Las fotografías, sepias y con aura fantasmagórica, los viejos daguerrotipos, eran y siguieron siendo decimonónicos. Nuestro siglo XX se retrató con la entrada de Madero a la ciudad de México, una vez que don Porfirio se embarcó en el Ipiragua con rumbo a París, a Biarritz, y al muy fotografiado cementerio de Père Lachaise. En la foto del triunfo maderista las multitudes aclaman al profeta en vías de mártir. Pero por encima del alborozo se revela, se fija en la mente, se hace futuro, el júbilo optimista y decidido de un niño. O casi niño, con cachucha y calcetas que prefiguran la transformación del México campesino en el del nomadismo interurbano y la fuga al norte”.
Sigue firme en la historia colectiva el retrato del revolucionario, “del idealista, el del imposible afán por restablecer un pasado utópico, en el que la tenencia de la tierra era firme y permanente por obra y gracia de los papeles que pasaban de choznos a bisabuelos, a los abuelos, y a los padres de los hijos, cuya sangre haría el milagro de transustanciar el lema populista de los narodniki rusos en el llamado universal del zapatismo: ‘Tierra y Libertad’. El valor de la palabra. Y la persistencia de la imagen, de la fotografía en la memoria histórica”.
Ya en los años de Juárez y Lerdo, de Ocampo y Santos Degollado, dijo, había fotógrafos que dejaron retratos de aquellos hombres que parecían gigantes. “Quedó impresa en la memoria, en mi conciencia de la historia, una imagen grabada en las páginas de uno de mis libros de primaria; una viñeta que ilustraba el sitio de Cuautla: insurgentes, tropa y artilleros muertos en torno a un cañón al que se acerca un niño para encender la mecha y disparar”.
García Soler consideró que pesa una presencia gráfica tanto como la ausencia testimonial de las fotografías. “Abundan y deslumbran las de Emiliano Zapata y Pancho Villa, hombres de a caballo, paradigma de los hombres del campo arraigados a la parcela en el sur, jinetes del norte nómada que pudo armar la División del Norte. Cuando entraron a la capital los fotografiaron en reposo, tendidos a la sombra de un árbol, intercambiando recuerdos y vidas de algunos compañeros de armas que fueron fusilados por agravios de cuando los dividió el efímero triunfo de Madero. Toda revolución devora a sus hijos”.
En el vaivén de la Revolución, “única que llegó al fin de siglo como referente obligado en la conciencia de ser mexicano, quedó la aterradora foto de Zapata expuesto en la plaza pública de Cuautla, con el rostro deformado, hinchado, perforado por las balas. Y las fotografías del automóvil ametrallado en Parral, donde quedó muerto y destrozado el Centauro del norte, Pancho Villa, el revolucionario más fotografiado de la era, filmado en pleno combate, o con el rostro lleno de lágrimas en los funerales de Francisco I. Madero”.
La fotografía es el sentido del pasado, de lo que la historia puede mostrar y decir sobre la sociedad contemporánea. “De dónde vinimos y a dónde vamos. De la visión de los de abajo; de las galas y pompas de los de arriba, del modo de andar, de vestir, de ver y de vernos a lo largo del proceso histórico que nos explica y define: foto fija del formidable movimiento que nos hizo nación, estado laico y sin fueros, que restauró la República, que estalló en Revolución y transformó un país rural con 85 por ciento de analfabetas en una sociedad con 15 por ciento que no sabía leer ni escribir. Siempre nos quedará la foto fija, la fotografía reflejo de la historia, invaluable instrumento de la memoria”.
Fuente: La Jornada Morelos
Mexico (CUERNAVACA). La fotografía es un reflejo de la historia y un invaluable instrumento de la memoria, consideró León García Soler, director de La Jornada Morelos, durante su participación en el Primer Encuentro Regional de Fototecas que concluyó ayer en el Museo Regional Cuauhnáhuac, con la participación de reconocidos fotógrafos, investigadores y especialistas de la imagen.
García Soler habló del rol de la fotografía en la memoria histórica. “En el imaginario colectivo quedó la imagen de Emiliano Zapata. Las fotografías, sepias y con aura fantasmagórica, los viejos daguerrotipos, eran y siguieron siendo decimonónicos. Nuestro siglo XX se retrató con la entrada de Madero a la ciudad de México, una vez que don Porfirio se embarcó en el Ipiragua con rumbo a París, a Biarritz, y al muy fotografiado cementerio de Père Lachaise. En la foto del triunfo maderista las multitudes aclaman al profeta en vías de mártir. Pero por encima del alborozo se revela, se fija en la mente, se hace futuro, el júbilo optimista y decidido de un niño. O casi niño, con cachucha y calcetas que prefiguran la transformación del México campesino en el del nomadismo interurbano y la fuga al norte”.
Sigue firme en la historia colectiva el retrato del revolucionario, “del idealista, el del imposible afán por restablecer un pasado utópico, en el que la tenencia de la tierra era firme y permanente por obra y gracia de los papeles que pasaban de choznos a bisabuelos, a los abuelos, y a los padres de los hijos, cuya sangre haría el milagro de transustanciar el lema populista de los narodniki rusos en el llamado universal del zapatismo: ‘Tierra y Libertad’. El valor de la palabra. Y la persistencia de la imagen, de la fotografía en la memoria histórica”.
Ya en los años de Juárez y Lerdo, de Ocampo y Santos Degollado, dijo, había fotógrafos que dejaron retratos de aquellos hombres que parecían gigantes. “Quedó impresa en la memoria, en mi conciencia de la historia, una imagen grabada en las páginas de uno de mis libros de primaria; una viñeta que ilustraba el sitio de Cuautla: insurgentes, tropa y artilleros muertos en torno a un cañón al que se acerca un niño para encender la mecha y disparar”.
García Soler consideró que pesa una presencia gráfica tanto como la ausencia testimonial de las fotografías. “Abundan y deslumbran las de Emiliano Zapata y Pancho Villa, hombres de a caballo, paradigma de los hombres del campo arraigados a la parcela en el sur, jinetes del norte nómada que pudo armar la División del Norte. Cuando entraron a la capital los fotografiaron en reposo, tendidos a la sombra de un árbol, intercambiando recuerdos y vidas de algunos compañeros de armas que fueron fusilados por agravios de cuando los dividió el efímero triunfo de Madero. Toda revolución devora a sus hijos”.
En el vaivén de la Revolución, “única que llegó al fin de siglo como referente obligado en la conciencia de ser mexicano, quedó la aterradora foto de Zapata expuesto en la plaza pública de Cuautla, con el rostro deformado, hinchado, perforado por las balas. Y las fotografías del automóvil ametrallado en Parral, donde quedó muerto y destrozado el Centauro del norte, Pancho Villa, el revolucionario más fotografiado de la era, filmado en pleno combate, o con el rostro lleno de lágrimas en los funerales de Francisco I. Madero”.
La fotografía es el sentido del pasado, de lo que la historia puede mostrar y decir sobre la sociedad contemporánea. “De dónde vinimos y a dónde vamos. De la visión de los de abajo; de las galas y pompas de los de arriba, del modo de andar, de vestir, de ver y de vernos a lo largo del proceso histórico que nos explica y define: foto fija del formidable movimiento que nos hizo nación, estado laico y sin fueros, que restauró la República, que estalló en Revolución y transformó un país rural con 85 por ciento de analfabetas en una sociedad con 15 por ciento que no sabía leer ni escribir. Siempre nos quedará la foto fija, la fotografía reflejo de la historia, invaluable instrumento de la memoria”.
Fuente: La Jornada Morelos































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