LARA MARTÍNEZ MARTÍNEZ.
Siento la voz enredarse entre susurros de espuma (...)» es el inicio del verso que acompaña una de las fotos más impactantes de la muestra de la castellana Margarita González: una pluma baila con la espuma de la ola que lame la orilla. La belleza de ese instante puede contemplarse en esta misma página, en la pieza que ilustra este texto. Con la sensibilidad a flor de piel y después de innumerables horas a la intemperie cargada de paciencia, la artista recuerda la espera mientras observaba «respirando esa realidad metafísica que se da en el parque natural del Cabo de Gata». Luego, aprovecha los medios con los que se encuentra más cómoda para transmitir las sensaciones vividas durante su estancia en el paisaje almeriense: «Además de la cámara, siempre llevo conmigo un cuaderno donde anotar mis sensaciones». De esta manera, «las impresiones que no se transmiten con la imagen, quedan reflejadas con estos escuetos versos». Con el subtítulo «Más allá de la realidad», la fotógrafa elige su perspectiva particular del Cabo y lo entiende como el espejo del alma: «El paisaje ofrece muchas caras pero tomo ese aspecto que más refleja mis pensamientos». En este sentido, explica que «ante nosotros tenemos la realidad que vemos habitualmente, con poco tiempo; pero, si nos quedamos a observar con detenimiento descubrimos que, detrás, hay mucho más: las rocas pueden tomar formas de pájaros, por ejemplo, como ocurre en «Cala de la Media Luna» pues, si uno se sumerge en la realidad, acaba viendo lo que quiere ver». Este aspecto se desarrolla con facilidad en paisajes como el Cabo, tan esencial que ayuda a ver la realidad existente tras la realidad aparente: «La profundidad depende de hasta dónde quiera adentrarse el observador. Me limito a darle las pautas en las fotos y poemas, que nacen como una necesidad interior propia que prefiero compartir». Plasma esta generosidad en los proyectos que, además de en la muestra, presenta en forma de libro «para que lleguen a manos del espectador, en el que siempre pienso al crear; es a quien pretendo transmitir lo que he sentido». Este traslado de emociones supone para la artista una responsabilidad como artista: «Considero que las personas dedicadas al arte tenemos una visión especial de la realidad. Es nuestra obligación señalar al observador dónde debe mirar para llegar a una vida más bella y llena de sensaciones». Para conseguirlo, González usa el blanco y negro, buscando la sencillez en la composición: «Busco que la imagen sea austera, esencial, sin distracciones o ruido visual, como una flecha que va de mi pensamiento a la imagen y de la fotografía al espectador».
Describe su estilo como «silencioso, mostrando espacios muy abiertos que acojan la mirada del espectador». Sus herramientas para relacionarse con el paisaje son la atención y las vivencias: «No paso por los sitios sino que vivo en los lugares. Me fijo en lo que me rodea hasta que los elementos se organizan de cierta manera y siento que debo fotografiarlos justo en ese instante».
La exposición, una propuesta del Centro Andaluz de la Fotografía, es un ejemplo más de la filosofía selectiva de Margarita González. Después de diez años de trabajo, la fotógrafa ha destilado las imágenes y versos hasta alcanzar lo que le interesa. «Estamos inmersos en un mundo con abundancia de todo. Prefiero seleccionar y extraer hasta alcanzar lo que me quiero. Incluso en el Cabo de Gata hay ruido pero tengo claro lo que quiero y lo busco».
En 1976 estudió Bellas Artes en la Complutense donde se licenció en pintura. Tras exponer pintura, dibujo y grabado, se enamoró de la fotografía en 1990, durante sus estudios de doctorado, y decidió viajar a París y Nueva York para «encontrar su identidad fotográfica». Hasta el 10 de julio, exhibe su colección en la calle Mata.
Fuente:
ABC Sevilla
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