Borrón y cuenta nueva
Fotoperiodismo. Una imagen que acompaña a una noticia es fiel a lo que está pasando, pero las reglas y la ética se cuestionan cada día de trabajo
El engaño no se borra tan fácilmente, es para siempre. Por eso el gran Eugene Smith(1918-1978) decía que todo disparo fotográfico es un acto moral, porque el de fotoperiodista no es un trabajo para cínicos. Por eso el gran fotoperiodista español Carlos de Andrés (Madrid, 1954) dice que te juegas la verdad en cada foto, que hay que apostar siempre por la credibilidad, porque, si no, esto se acaba. Y se refiere a la honestidad del periodismo, a la necesidad de proteger la verdad, porque es muy frágil y lo único que sirve al trabajar la información.
Al fotoperiodismo y al fotógrafo siempre se les ha exigido una posición moral y comprometida con el acontecimiento, porque no sólo ilustran una realidad con fidelidad a los hechos, también jalonan y precisan la memoria colectiva que nos define. La llegada de la tecnología digital no ha supuesto ninguna revolución en el tratamiento de la fotografía, que no ocurriese ya hace años, como hizo el propio Eugene Smith.Para él el fin sí justificaba los medios. La honestidad de Smith estaba en que él aclaraba lo que había hecho, aclara José Manuel Navia (Madrid, 1957) para quien el único código específico a partir del cual debe actuar el fotógrafo es su propia honestidad. No se debe mentir y si se miente, hay que decirlo, apunta.
Fuera escrúpulos
La iniciativa fue recibida con gran alegría por todos los fotoperiodistas hace meses: por fin un concurso para premiar el trabajo diario, para llevar la verdad del acontecimiento a las páginas de los periódicos. A los pocos días de la concesión del primer Premio de fotografía periodística de la Comunidad de Madrid los fotógrafos reciben un e-mail escrito desde la indignación por el resultado, en el que se invita a la firma para que se revoque la concesión del premio a la fotografía ganadora. El autor de la foto, Javier Arcenillas, había eliminado del fondo a una monja que aparecía junto a un grupo de niños. Era la foto de propaganda perfecta que esperaba la CAM: una imagen ideal sobre la integración cultural en la región. Sobraba el clero, así que borrón y listo. Pero se olvidó de eliminar sus manos sobre los hombros de dos niños.
La verdad se resiste con estas actitudes, Carlos de Andrés se muestra preocupado, insiste en un ideal que para el cínico no es más que un asunto romántico y al que él se ha mantenido fiel durante más de dos décadas de profesión: conquistar la verdad. O lo hacemos, o hemos perdido la batalla. Si dejo de creer en lo que hago, esto se acaba, remata indignado con la manipulación. No es una simple corrección de balances para oscurecer o aclarar, la fotografía que se publica a diario tiene un límite: no transformar la realidad. Por eso el fotógrafo debe estar seguro ante los acontecimientos, seguro ante lo que quiere hacer y seguro de a dónde no está dispuesto a llegar. Como se apuntaba en ese e-mail de denuncia: La imagen ganadora ha sido retocada hasta el punto de alterar, de modificar la realidad que pretendía reflejar.
Mírame, no me toques
Uno de los ejemplos más rigurosos de honestidad entre los fotógrafos de nuestros periódicos y publicaciones es Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959). Dice que ha visto a gente provocar el acontecimiento de forma consciente en conflictos, y otros de manera inconsciente, simplemente por estar allí con una cámara. Para salvar estas situaciones, Gervasio explica que hay que trabajar con convicciones éticas profundas. La ética salvará a la verdad. Lo peor que te puede pasar es que pongan en duda tu rigurosidad. Si vas dejando dudas de tu trabajo, tarde o temprano te encontrarás con que nadie te cree, aunque lo que hayas hecho sea verdad, desde luego él tiene a salvo su credibilidad con trabajos como Vidas minadas.
El secreto sucede antes del laboratorio. Yo edito con el ojo y la cámara, nunca después, y así se evita malos tragos con la edición de sus fotos. Dice que de todas las que ha publicado, habrá tocado una decena como mucho. A eso se refiere Eloy Alonso, fotógrafo freelance desde hace 20 años para la agencia Reuters o el periódico As, cuando afirma que el que está detrás de la cámara sabe lo que ve y lo que no se debe hacer. La profesión te enseña lo que debes y no debes hacer. Por eso, la única obligación que tenemos es cumplir con el lector y no alterar la imagen queilustra la noticia.
La traición duele
En ese punto Eloy Alonso y Navia coinciden. En el encuentro con el otro, en la responsabilidad con el lector. Si le preguntas al veterano fotógrafo por los límites éticos de su profesión contesta que él no necesita llevarlos escritos en ninguna parte, me basta con no traicionar al otro. Se refiere tanto a sus personajes, como al que mira la foto. La manipulación es una traición.
O controlas la mentira o ella te controla a ti. Navia pone un ejemplo muy gráfico: Tomarse un vaso de vino es bueno, pero quien no se controle con el alcohol, que no lo pruebe. Debes saber no correr el riesgo de mentir, porque para él lo grave es faltar a la verdad y no decirlo. La norma es la misma que con el alcohol,no pasarte.
































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