«El colorido de Cuba está ahí, no me pertenece a mí»
El Museo de Cáceres expone hasta el 1 de junio 'Fragmentos', sobre La Habana y Trinidad
CRISTINA NÚÑEZ
Dice José María Escribano que una vez que la obra esté terminada uno ha de olvidarse de ella. Al menos, cortar el cordón umbilical que mantiene de forma intensa el flujo de comunicación mientras se crea esa obra. Lo cuenta en el Museo de Cáceres, el la sala que acoge la muestra 'Fragmentos', cincuenta imágenes extraídas del vastísimo trabajo fotográfico en las dos ciudades cubanas Patrimonio de la Humanidad: La Habana y Trinidad. Tres viajes, diez años entre el primero de ellos y la publicación de esta obra, explosión de colores y mezcla entre alegría y decadencia. Escribano enseña detalles sobre la arquitectura de ambas ciudades, retratos callados e inmóviles. Imágenes desde el silencio, pero llenas de poder.
-Trinidad y la Habana Vieja retratada desde todas sus esquinas. ¿Cómo surge la idea?
-Yo hago fotografía de autor de toda la vida, y entonces los grandes temas que yo he ido tocando han ido variando a lo largo de mi vida fotográfica. Ahora, últimamente, el gran tema de mi fotografía está siendo la arquitectura, pero la arquitectura de las ciudades Patrimonio de la Humanidad. Me interesaba mucho la mezcla de los estilos criollos y occidentales en la Habana colonial y viajé allí para estudiar esta mezcla de estilos. Con Eusebio Leal, el historiador de la ciudad de la Habana y Roberto, el conservador del museo de Trinidad, acotamos el espectro de las dos ciudades sobre las que íbamos a trabajar. Esta es una pequeña muestra de todo el archivo que tengo guardado.
-¿Se trataba de recoger lo más representativo o de hacer algún descubrimiento?
-Hay un doble criterio. Mi doble condición de arquitecto y fotógrafo me hizo, primero, abordar un catálogo para el técnico, para el especialista en rehabilitación, y tengo un catálogo hecho de elementos ornamentales, de huecos, de vitrales, de ventanas, de puertas, de ensamblajes de la madera, cosas que pueden ser útiles. Pero luego, ésta es una colección más dentro del terreno de las artes plásticas. Una imagen sugerente compuesta con un cierto rigor, extraída de su contexto y que crea una imagen con un nivel de sugerencia como cualquier otra dentro de las artes plásticas. No tiene porqué ser una muestra dirigida al especialista sino al público general de las Bellas Artes.
-Las muestra agrupadas temáticamente: caras, zócalos, ventanas...
-Eso más o menos yo lo he hecho en todas mis exposiciones de fotografía. Aunque cada foto puede tener vida propia, a la hora de colgar las hago convivir unas con otras. Juego con las simetrías, con las asimetrías, con la correspondencia entre los dípticos y los trípticos que siempre me ha gustado.
-Resulta atípico, por las imágenes de Cuba con las que estamos familiarizados, que no haya retratos humanos en esta muestra. Sólo edificios.
-De todo el material que me he traído de allí tengo un gran archivo de arquitectura humana, muchas fotos de cubanos, pero concretamente en esta exposición he querido sacar la fragmentación que va ofreciendo el paisaje urbano en una lectura detenida y reposada de la ciudad. Vivimos vertiginosamente, y entonces la forma de mirar la ciudad pausada y reposadamente te hace descubrir detalles que tú los aislas de su contexto, los enmarcas, los compones y es una imagen poderosísima. Eso he intentado hacer. Lo bello ocurre a nuestro alrededor, sólo tenemos que seleccionarlo y apoderarnos de ello.
-Otro de los tópicos de Cuba: el colorido. En alguna de sus fotos es el elemento central.
-Ese colorido está ahí. Es un colorido que no me pertenece a mí, le pertenece a Cuba. Trinidad es un espectáculo de luz y color. Hubo una época en la que yo manipulé mucho, pero en esta ocasión no lleva ningún tipo de manipulación, el color es el que hay.
-¿La técnica?
-Todo este trabajo lo hice en diapositiva. Era un momento en el que la diapositiva me daba más calidad que las cámaras digitales. Se hizo entre el 1998 y el 2003. Son diapositivas escaneadas.
-Ha sido un proceso largo.
-Sí, un proceso muy largo, y de recoger mucho material para formar una base de datos muy amplia. Hice tres viajes.
-¿Qué sensación transmite la arquitectura que ha fotografiado, mucho desamparo? Aunque hay un programa de restauración la imagen clásica de La Habana Vieja es de decrepitud...
-Es la eterna dialéctica. Si La Habana se conserva como se conserva es porque no ha habido acciones depredatorias irreversibles como fue aquí la locura de los años sesenta y setenta. Al no haber habido esa renovación brutal, se conserva su legado patrimonial íntegro. Otra cosa es que su estado de conservación es tristemente penoso. Gracias precisamente a la labor de Eusebio Leal y la cooperación internacional se va salvando la Habana patrimonial. Se han rescatado edificios importantes.
-Pero la decadencia también vende...
-Claro. Aquí hay de todo. El desconchón a veces se cuela en la cámara y ofrece una imagen poderosa. No vamos buscando el espíritu del drama, pero a veces se cuela.
Fuente: Hoy.es
Dice José María Escribano que una vez que la obra esté terminada uno ha de olvidarse de ella. Al menos, cortar el cordón umbilical que mantiene de forma intensa el flujo de comunicación mientras se crea esa obra. Lo cuenta en el Museo de Cáceres, el la sala que acoge la muestra 'Fragmentos', cincuenta imágenes extraídas del vastísimo trabajo fotográfico en las dos ciudades cubanas Patrimonio de la Humanidad: La Habana y Trinidad. Tres viajes, diez años entre el primero de ellos y la publicación de esta obra, explosión de colores y mezcla entre alegría y decadencia. Escribano enseña detalles sobre la arquitectura de ambas ciudades, retratos callados e inmóviles. Imágenes desde el silencio, pero llenas de poder.
-Trinidad y la Habana Vieja retratada desde todas sus esquinas. ¿Cómo surge la idea?
-Yo hago fotografía de autor de toda la vida, y entonces los grandes temas que yo he ido tocando han ido variando a lo largo de mi vida fotográfica. Ahora, últimamente, el gran tema de mi fotografía está siendo la arquitectura, pero la arquitectura de las ciudades Patrimonio de la Humanidad. Me interesaba mucho la mezcla de los estilos criollos y occidentales en la Habana colonial y viajé allí para estudiar esta mezcla de estilos. Con Eusebio Leal, el historiador de la ciudad de la Habana y Roberto, el conservador del museo de Trinidad, acotamos el espectro de las dos ciudades sobre las que íbamos a trabajar. Esta es una pequeña muestra de todo el archivo que tengo guardado.
-¿Se trataba de recoger lo más representativo o de hacer algún descubrimiento?
-Hay un doble criterio. Mi doble condición de arquitecto y fotógrafo me hizo, primero, abordar un catálogo para el técnico, para el especialista en rehabilitación, y tengo un catálogo hecho de elementos ornamentales, de huecos, de vitrales, de ventanas, de puertas, de ensamblajes de la madera, cosas que pueden ser útiles. Pero luego, ésta es una colección más dentro del terreno de las artes plásticas. Una imagen sugerente compuesta con un cierto rigor, extraída de su contexto y que crea una imagen con un nivel de sugerencia como cualquier otra dentro de las artes plásticas. No tiene porqué ser una muestra dirigida al especialista sino al público general de las Bellas Artes.
-Las muestra agrupadas temáticamente: caras, zócalos, ventanas...
-Eso más o menos yo lo he hecho en todas mis exposiciones de fotografía. Aunque cada foto puede tener vida propia, a la hora de colgar las hago convivir unas con otras. Juego con las simetrías, con las asimetrías, con la correspondencia entre los dípticos y los trípticos que siempre me ha gustado.
-Resulta atípico, por las imágenes de Cuba con las que estamos familiarizados, que no haya retratos humanos en esta muestra. Sólo edificios.
-De todo el material que me he traído de allí tengo un gran archivo de arquitectura humana, muchas fotos de cubanos, pero concretamente en esta exposición he querido sacar la fragmentación que va ofreciendo el paisaje urbano en una lectura detenida y reposada de la ciudad. Vivimos vertiginosamente, y entonces la forma de mirar la ciudad pausada y reposadamente te hace descubrir detalles que tú los aislas de su contexto, los enmarcas, los compones y es una imagen poderosísima. Eso he intentado hacer. Lo bello ocurre a nuestro alrededor, sólo tenemos que seleccionarlo y apoderarnos de ello.
-Otro de los tópicos de Cuba: el colorido. En alguna de sus fotos es el elemento central.
-Ese colorido está ahí. Es un colorido que no me pertenece a mí, le pertenece a Cuba. Trinidad es un espectáculo de luz y color. Hubo una época en la que yo manipulé mucho, pero en esta ocasión no lleva ningún tipo de manipulación, el color es el que hay.
-¿La técnica?
-Todo este trabajo lo hice en diapositiva. Era un momento en el que la diapositiva me daba más calidad que las cámaras digitales. Se hizo entre el 1998 y el 2003. Son diapositivas escaneadas.
-Ha sido un proceso largo.
-Sí, un proceso muy largo, y de recoger mucho material para formar una base de datos muy amplia. Hice tres viajes.
-¿Qué sensación transmite la arquitectura que ha fotografiado, mucho desamparo? Aunque hay un programa de restauración la imagen clásica de La Habana Vieja es de decrepitud...
-Es la eterna dialéctica. Si La Habana se conserva como se conserva es porque no ha habido acciones depredatorias irreversibles como fue aquí la locura de los años sesenta y setenta. Al no haber habido esa renovación brutal, se conserva su legado patrimonial íntegro. Otra cosa es que su estado de conservación es tristemente penoso. Gracias precisamente a la labor de Eusebio Leal y la cooperación internacional se va salvando la Habana patrimonial. Se han rescatado edificios importantes.
-Pero la decadencia también vende...
-Claro. Aquí hay de todo. El desconchón a veces se cuela en la cámara y ofrece una imagen poderosa. No vamos buscando el espíritu del drama, pero a veces se cuela.
Fuente: Hoy.es





























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